György Brankovics
Drama musical popular en 4 actos.
Libreto de Lehel Odry y de Ferenc Ormai.
Música de Ferenc Erkel.
30.04.2026 | tiempo de lectura: 2 minutos
En ésta oportunidad traemos a ustedes una de las más exquisitas y bellas óperas del repertorio húngaro, si bien una que no ha corrido con la mejor de las suertes.
Presentamos así GYÖRGY BRANKOVICS de Ferenc Erkel, un notable drama musical con influencias wagnerianas y de un absoluto y delicioso refinamiento melódico y dramático, obra que junto a las óperas HUNYADI LáSZLó y BáNK BáN integra la trilogía absoluta y perfecta de obras maestras de este ilustre creador lírico.
Fue Erkel mismo quien presentó a Hector Berlioz la melodía de la Marcha Rakoczi, que el compositor francés utilizara en LA CONDENACION DE FAUSTO.
A su vez esta toma como protagonista a la histórica figura del Príncipe serbio homónimo quien viviera entre los años 1377 y 1456.
Las melodías se presentan de manera más amplia, más severa, como resultado de lo cual los arcos musicales a menudo no son tan claros como en obras anteriores.
Las nacionalidades de los pueblos envueltos en la trama dramática permitió a Erkel también utilizar los tesoros melódicos de las tres variedades étnicas, a saber húngara, serbia, y turca, las cuales se presentan en la obra, con tanto éxito que las transiciones y cambios de color son casi imperceptibles.
En el acto segundo hallamos el gran monologo del protagonista, inspirado en el MONOLOGO DEL PODER de BORIS GODUNOV, obra curiosamente estrenada el mismo año que nuestra ópera, las arias de Mara y los ariosos de Murat.
Dicho soliloquio ofrece grandes posibilidades de lucimiento al bajo-barítono, con sus constantes cambios de métricas y de ánimos musicales, desde el propio recitativo inicial, hasta el arioso y la stretta final con el cual concluye.
El acto tercero nos ofrece el rapsódico y bellísimo dúo lirico entre Mará (Pron: Morá) y Murat, cuyos motivos se repiten a lo largo de la opera, además de la imponentemente conmovedora escena del encuentro de Brankovics con sus hijos ciegos.
La melodía es envolvente, completamente lírica y unida a los versos en lengua magyar destilan una magia imposible de describir con meras palabras.