Partenopé
Ópera en un acto de Ennio Morricone.
13.04.2026 | tiempo de lectura: 2 minutos
Si bien su gran colega italiano Nino Rota, celebrado por sus bandas sonoras para films de diversas índoles lograra triunfar asimismo en el campo de la ópera lírica, el compositor romano Ennio Morricone (1928-2020), asimismo un gran cultor del arte musical fílmico tan solo experimentó en dicho campo en una sola oportunidad con PARTENOPÉ, obra que traemos a ustedes esta noche en forma integral, presentada por primera vez en Uruguay.
Sobre un libreto de Guido Barbieri y de Sandro Cappelletto, Morricone compuso la ópera en 1995 por encargo de un Festival musical en la localidad de Campania.
Pero por capricho del Destino el Festival jamás se celebró y PARTENOPE debió aguardar hasta el pasado 12 de Diciembre de 2025, año en que la ciudad de Nápoles celebrara los 2.500 años de su fundación.
La mítica Partenopé es parte de la cultura de Nápoles. La tradición sugiere que su voz representa el espíritu perdurable de la ciudad. El asentamiento griego original fue nombrado en su honor.
PARTENOPÉ explora el vínculo entre la antigua leyenda y la identidad moderna de la ciudad, ya que dos sopranos encarnan a la misma simultáneamente, reflejando su doble naturaleza como elemento físico y como mito.
Todos aquellos que esperaban hallar en PARTENOPÉ elementos musicales cercanos a las creaciones populares y cinematográficas de Morricone fueron víctimas del desengaño.
El compositor, libre de los vínculos melódicos impuestos por la industria cinematográfica, optó por una escritura atonal, basada en la seducción de lo repetitivo, con reducción del material cromático y claras huellas de la Segunda Escuela Vienesa, en particular de Anton Webern, mediante juegos polirrítmicos y desfases en las entradas de solistas e instrumentos.
La instrumentación es singular.
Sin violines, con un conjunto de cuatro flautas, a lo que se agrega el uso del lenguaje modal y contrapuntístico helénico dentro de una trama musical austera pero cuidadosamente elaborada, la partitura resulta más meditativa que dramática propiamente.