El periodista Alfredo Carlos Dighiero recuerda  a Jorge Favetto

Dirección: Dra. María Magdalena Dighiero
Remasterización: Horacio Malnero

28.02.2026 | tiempo de lectura: 2 minutos

Capítulo 01 de 02

El periodista Alfredo Carlos Dighiero se dispone a evocar, a través de un reportaje exclusivo, la figura de uno de los más notables estudiosos de la trayectoria discográfica de Carlos Gardel: el señor Jorge Favetto (1921–1987), en la República Argentina.

En la entrevista, Favetto rememora con pasión y minuciosidad la presencia del insigne cantor en los sellos discográficos que marcaron su carrera  Columbia Records, Odeon Records y RCA Víctor  durante el período que se extendió entre 1912 y 1935. Habla de los discos publicados y también de aquellos que nunca vieron la luz; de los registros difíciles de hallar y de los que parecían imposibles. Su relato no solo aporta datos, sino que revive una época dorada del tango con la emoción de quien la ha estudiado en profundidad.

Con el paso del tiempo, Favetto llegaría a forjar una estrecha amistad con José Razzano, el entrañable compañero de canto de Gardel, con quien conformó el célebre dúo conocido como “El Morocho y el Oriental”. En distintos encuentros, Razzano le confiaba anécdotas y pasajes de aquellos años compartidos, recuerdos íntimos del dueto que quedaron grabados en la memoria del investigador. Algunas de esas historias serían luego compartidas con la querida e inteligente audiencia de la Emisora del Sur, que escuchaba atenta cada evocación.

Pero el broche de oro del relato llega cuando el propio Favetto narra una vivencia personal que atesora desde su infancia. Corría el año 1933 y, con apenas doce años, se escapó de su casa para llegar hasta el Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires. Allí, el “Morocho del Abasto” protagonizaba la obra de Ivo Pelay, “De Gabino a Gardel”.

Impulsado por la admiración y el atrevimiento propio de la juventud, el muchacho se acercó hasta el camerino de “Carlitos”. Frente al Rey del Tango, con el corazón latiendo con fuerza, se animó a pedirle si podía cantar un tango. Aquel instante mezcla de osadía, emoción y destino  quedaría para siempre en su memoria, como el recuerdo más vívido de su encuentro con la leyenda.